viernes, 28 de agosto de 2009

Cuento - Tanabata


Un cuento Japonés

Tanabata






Había una vez un joven labrador. Un día, cuando estaba caminando hacia su casa se encontró una tela colgada en un árbol. ¡Era una tela maravillosa! La más bonita que el joven había visto en su vida. Así, pensando que alguien la había tirado allí cogió la tela y se la metió en su cesto. Había acabado de poner la tela en en el cesto, cuando alguien le llamó, y al girarse se sorprendió mucho al ver aparecer a una mujer muy hermosa que le dijo: "Me llamo Tanabata. Por favor devuélveme mi 'hagoromo'."


El joven le preguntó: "¿Hagoromo? ¿Qué es un hagoromo?"
Ella le dijo: "El hagoromo es una tela que uso para volar. Vivo en el cielo. No soy humana. Descendí para jugar en aquella laguna, pero sin mi hagoromo no podré regresar. Por eso le pido que me la devuelva."
El joven avergonzado no pudo decir que él la había ocultado y le dijo que no sabía nada de esa tela.

Así, como no tenía el hagoromo Tanabata no pudo volver al cielo y no tuvo más remedio que quedarse en la tierra. Sin embargo, al cabo de un tiempo ella y el joven labrador se enamoraron y se casaron.

Al cabo de unos años, Tanabata, cuando hacía la limpieza de la casa, encontró el hagoromo, y entonces le dijo a su marido que tenía que regresar al cielo, pero también le dijo que había una manera de estar juntos. Si hacía mil pares de sandalias de paja y las enterraba en torno a un bambú podría subir al cielo. Tanabata le estaría esperando.

El joven se quedó muy triste y empezó a hacer las sandalias de paja. Cuando había hecho 999 estaba tan impaciente fue a enterrarlas al lado de un bambú. En ese momento el bambú se alargó muy alto hasta el cielo.

El joven labrador subió por el bambú hasta el cielo, pero le faltaba sólo un poco para llegar. Era el par de sandalias que no había hecho, pero empezó a llamar a Tanabata. Y ésta le ayudó a subir.
Su felicidad no duró mucho porque en ese momento apareció el padre de Tanabata, al que no le había gustado que ella se casara con un simple mortal. El padre pidió al joven labrador que cuidara durante tres días sus tierras.

"Entendido.", respondió el joven.

Tanabata le dijo a su marido que su padre le estaba haciendo una trampa y que aunque tuviese sed no comiese ninguna fruta pues le ocurriría algo malo.

El joven se puso a cuidar las tierras. Pero la mañana del tercer día ya no podía aguantar la sed y sus manos se fueron hacia la fruta. En ese momento, del melocotón que había tocado empezó salir mucha agua convirtiéndose en el río el "Amanogawa".

El joven y Tanabata quedaron separados por Amanogawa y ambos se convirtieron en estrellas, las estrellas Vega y Altaír. Desde entonces, la pareja con el permiso del padre, puede encontrarse sólo un día al año, el siete de julio.

9 comentarios:

dondelohabredejado dijo...

Bello y triste...
Un abracito.

Alma Mateos Taborda dijo...

Hermoso y muy bien contado! Felicitaciones! Un abrazo.

Blas Deker dijo...

Es curioso. Bajo el punto de vista occidental, los orientales en sus cuentos, historias o filosofías, son rebuscados de narices. Y luego para otras cosas son extremadamente minimalistas.
(No sé qué les pareceremos nosotros a ellos, je je)

Besitirrillos de sacarina.

Zara dijo...

Qué bonito, y qué triste a la vez
Besos,xaop

Javier dijo...

Bonito relato, otra historia de amor que hace que el AMOR se pueda escribir cobn letras mayúsculas.

Un abrazo

Abejitas dijo...

Lo es dondelohabrédejado :)

Nos alegra que te gustase Alma :)

Blas, seguro que nada de lo que creemos jaja.

Si Zara, bastante triste pero despierta sueños.

Javier creo que esa palabra ya nació en mayúsculas :)

Besitos de miel a todos y feliz fin de semana.

latifa dijo...

El amor sólo si es puro mueve estrellas

Un beso

Tawaki dijo...

Me encantan estas leyendas sobre las estrellas.

Besos.

Abejitas dijo...

Latifa e incluso la luna...

Tawaki son fantásticas ¿verdad?


Besitos de miel.