miércoles, 16 de abril de 2008

Roberto Mollá

Como bien sabéis, el pasado 3 de abril, Roberto Mollá, inauguró en Madrid su exposición Katsura y Kube.

En
Arte10 le hicieron la siguiente entrevista:

Lo primero que llama la atención al enfrentarse a tu obra es la fuerte influencia japonesa, lo que te posiciona en un lugar sin demasiado arraigo en la tradición de la pintura española, más pendiente de las corrientes occidentales.

¿Qué motiva tu huida a Japón y que transformación se produce en tu obra? (o ¿Cómo Roberto Mollá deviene Tomoya?)

La huida que dices no es tal, pues no es tedio ni temor lo que originó mi primer viaje a Japón sino la estupenda ocasión que me brindó una exposición colectiva a la que fui invitado. Es en 1994 cuando viajo a Tokio por primera vez y no es hasta 1997, en mi cuarto viaje, cuando podría decirse que Roberto Mollá deviene Tomoya. La feliz confusión de mi amiga Yumi, que me rebautizó como Rober Tomoya, fue casi pareja a la aparición en mis trabajos de reconocibles influencias japonesas. Hasta ese momento mi pintura no había sido aparentemente permeable al arte japonés. La estancia en la Residencia de Artistas de Marunuma fue definitiva para conocer el arte contemporáneo que realizaban los jóvenes tokiotas y la influencia en ellos de los artistas del mundo flotante. Es revelador que en aquel suburbio industrial, situado a una hora de Tokio, tuviese frente a mi barracón-estudio la Hiropon Factory de Murakami Takashi y una exposición completísima de grabados de Hiroshige, propiedad del amable mecenas que me concedió la beca. Y todo ello rodeado de naves industriales, contenedores, camiones gigantescos y diminutos campos de arroz.

Frente a posiciones más integristas, tu obra se desarrolla en una equilibrada tensión entre la vanguardia histórica y las corrientes contemporáneas, entre Palazuelo y el Superflat.

¿Crees que es posible defender este espacio tal como están las cosas? ¿"Pintura haciéndose al muerto" como decía Alcolea en Aprender a Nadar?

Quizás las diversas posibilidades que ofrece la pintura estén plenamente cumplidas, el abanico completamente abierto, pero cada una de esas vías es susceptible de modulaciones tan variadas como la infinita combinatoria que ofrecen las siete notas, los siete colores. Un símil cartográfico puede ayudarnos: podríamos decir que los contornos del continente Pintura, sus límites, están tal vez perfectamente delimitados, pero que en su interior hay rutas que, no se sabe por qué, se interrumpen repentinamente, cruces de caminos en los que sería interesante detenerse durante un tiempo y observar, curvas que podrían trazarse de un modo diferente, no necesariamente mejor, carreteras principales deslucidas por el uso excesivo… Hay una intersección entre Palazuelo y Superflat, como la hay entre Buddy Holly y los Raveonettes, y conforme acumulamos datos, tiempo y obras, gozamos de la ventaja, siempre creciente, de tener tras de nosotros mil puntos de comparación. Creo que el terreno es fértil y si padece algún síntoma de agotamiento lo que tendremos que cuestionarnos es el método de cultivo.

Los (papeles) milimetrados se revelan como 50.000 benetianos en Herrumbrosas lanzas (mapas topográficos con fines bélicos) en los que preparas la batalla que tendrá lugar en el lienzo.

¿El proceso se congela en la trama y asistimos en los óleos a su recreación?

Mi primer dibujo sobre papel milimetrado también es de 1997 y desde entonces me resulta muy difícil dibujar sobre una superficie blanca. Creo que la ausencia de esa superficie pautada es la mayor diferencia entre mis pinturas y mis dibujos, mayor aún que la práctica ausencia de color en éstos. En esta exposición he pintado sobre algunos lienzos que tienen impresa digitalmente la retícula milimetrada, pero su presencia me condiciona mucho y no he trabajado con comodidad. Esa dificultad es también un reclamo pero no sé si seguiré ese camino de momento.
Pero respondiendo a tu pregunta, José, debo decir que sí, que todos los dibujos previos a las pinturas los realizo sobre papel milimetrado, y con ayuda de patrones, calculadora, plantillas, escuadra y cartabón, los traslado al lienzo, de modo que puede decirse que la trama está implícita en la tela, bajo la pintura. Me temo que no soy nada bueno con las matemáticas, pero hay muchos números en mis óleos.

La mujer japonesa es un claro referente en tu obra. La geisha-pin up nos deslumbró en un calendario que publicaste en Cosipoi para celebrar 2003. Ahora son sus pelucas metonímicas y fetichistas.

¿Te inspiras en el artificio de su intimidad?

El arquetipo de mujer japonesa ha sido un producto de gran éxito en Occidente desde Madame Butterfly hasta la insaciable Sada de El imperio de los sentidos. Ese modelo ha sido revisado en la actualidad con lolitas-góticas, otakus de variopinto aspecto y personajes anime de pupilas dilatadas. El icono, tan pop como un retrato de Mao, funciona maravillosamente bien porque es tópico a la vez que sugerente y elaborado, con connotaciones de orientalismo, seducción, inteligencia y enigma, a las que es difícil resistirse. Gráficamente los grabadores japoneses del mundo flotante nos dan el trabajo hecho, con una elegante síntesis de peinados, ropajes y rostros, a partir de la cual es muy agradable dejar que el lápiz continúe el proceso de elaboración de formas, un juego geométrico y prácticamente automático.

Hemos hablado de Shin Chan en alguna ocasión y el complejo de Peter Pan tan inherente al artista contemporáneo.

¿Es este síndrome el que te lleva a practicar un "peluchismo muñequil" de la realidad armado de metaballs y curvas Bézier?

Creo que hay que diferenciar entre la atracción que pueden sentir personas adultas por determinados productos supuestamente dirigidos a niños o adolescentes y la patología conocida como síndrome de Peter Pan, que supone inmadurez, irresponsabilidad, rebeldía o narcisismo. Muchos de estos productos comerciales, como muñecos de vinilo o peluches, personajes manga o anime y libros de ciencia ficción, tienen un diseño gráfico de mucha calidad, guiones divertidísimos o tramas muy sugerentes, y parece mentira que se tengan que reivindicar continuamente. Artistas japoneses como Nara, Mr., Ai Yamaguchi o el mencionado Murakami, recogen esta imaginería en su trabajo y para mí resulta obvio que su aproximación es adulta, madura y muy elaborada.

Hemos hablado de esto en otras ocasiones y sabes que personajes de mis cuadros y dibujos, como Osogoma, Baby Mezcla o Barbadillo Teddy Toy, tienen genes de pintor geómetra español y de mangaka japonés.

Los ornamentos culturales y las escalas de color pixelianas se implementan sobre tintas planas en tus series ordenándose en variaciones minimalistas. Estas composiciones están gobernadas por un triunvirato muy bauhasiano: el blanco, el negro y un color dominante. El naranja fue el primero, aún domina en tus dibujos. El azul eléctrico tuvo su momento Mazinger. Y en esta serie el beige rivaliza ese honor con el rojo.

Sabemos que tu ojo responde al color de manera particular ¿Es tu elección del color simbólica o estratégica?

De mi abuelo materno recibí en herencia unos fotorreceptores genéticamente damnificados, es decir, un daltonismo del tipo tricromático anómalo. Pudo haber sido peor, un tipo dicromático o monocromático, o muchísimo peor, acromático, y lo hubiese visto todo como en Sin City.
Este daltonismo conlleva, en grado menor que los otros, la imposibilidad de distinguir determinados colores y fue fuente de grandes preocupaciones cuando ingresé en la Facultad de Bellas Artes, cuyo plan de estudios tenía una asignatura troncal denominada Color. Me apañé como buenamente pude y sigo haciéndolo, procurando trabajar con una paleta de colores bien sencilla para no añadir complicaciones a un trabajo que ya tiene bastantes. Mi elección del color es, por tanto, más estratégica que simbólica, y en mi ayuda han acudido suprematistas, neoplasticistas y demás vanguardistas que me son muy queridos.

Mi abuelo trabajó de dependiente en una tienda de telas y cuando le pedían una muestra de rojo inglés sacaba verdes, marrones y también algún rojo por casualidad. «Ya sé que no es exactamente la idea que usted lleva pero quiero que tenga dónde elegir, no sea que algún otro color pudiera cuadrarle mejor». A él le funcionaba esta treta de fingida amabilidad y yo puedo recurrir al dadaísmo, con más afición que fingimiento.

José Oliver


8 comentarios:

A.V.G. dijo...

Que tenga suerte con la expo.

Besos y Abrazos.

PD ¡cuanto tiempo sin venir por aquí!

angela dijo...

Algunos de sus cuadros me gustan... Le deseo mucha suerte. Gracias por compartir la actualidad es un placer venir...Un saludo de Angela

Fanmakimaki ファンマキマキ dijo...

je je je, salimos todos :)

white dijo...

Se ve que la pintura es su pasion , y tiene muy buen material,,listo para exposicion

romm|na dijo...

holaaa!! me ha encantado y gustado mucho tu blog!! feliciades, tienes muy buenas entradas, y creo que es muy interesante leerte! quisiera intercambiar enlaces con tu blog, los mios son Bailando por un sueño bailandoya y primicias de la farandula - soloprimicias espero que me aceptes en tu blogroll! exitos un saludo!!!

Estrella dijo...

Muy interesante la entrevista, gracias por compartir tantas cosas con nosotr@s, me gustan algunos de sus cuadros.

Hace mucho que no os visitaba y es que he estado de lo más liada pero parece que todo regresa a la normalidad, un beso, Estrella.

Abejitas dijo...

avg pues si, llevabas tiempito, ya te echabamos en falta.

angela gracias a ti por acompañarnos en esta actualidad

fanmakmaki siiii

white así es

rommna te visitaremos prontito

Estrella gracias por regresar

Besitos cargados de miel

ISOBEL dijo...

me gustaaaaaaaaaaaaa, besitos floreados