miércoles, 14 de noviembre de 2007

Cuento - Una noche mágica (Primera parte)

Su casa es una torre, su cuarto una jaula de cristal, tras ese cristal, todo un mundo que ver, toda una enorme cantidad de experiencias por sentir. La niña mira por esa ventana al mundo, y el mundo la contempla, y sin que ella se de cuenta le manda señales, a ese mundo sin explorar le encantaría que la niñita cruzara esa barrera de cristal y se reuniera con el para poder mostrarle sus secretos, pero la niña no parece darse cuenta de eso, solo observa con interés a través de su ventana, prefiere la seguridad a la aventura.

Pero el mundo se cansa de esperar, y decide tomar medidas, esa niñita necesita algo más que contemplar, y el mundo ha decidido actuar.

Una noche, la niñita está acodada en la ventana, mirando fuera con asombro la vida nocturna de su calle, el libro de fantasía que leía, ha quedado olvidado a sus pies. Esa calle desierta, tiene algo mágico que a ella le gustaría descubrir.

La niña mira hacia abajo, enfrente de su portal hay una parada de autobús, llena a rebosar de coches mal aparcados, que bloquean el paso a la magia que quiere darse a conocer, pero, esa magia está decidida, como el mundo, a superar todos los obstáculos.

Al mirar mas allá, la niña puede contemplar su calle, una de las principales del pueblo, de doble carril, separados ambos por una hilera de pequeñas y enfermizas plantas que no la atraen mucho, así que desvía su vista hacia la acera de enfrente, donde percibe el primer signo de vida.

Yetro, el pirao del pueblo, así es como se le conoce por allí. La niñita lo observa pasearse con su extraña vestimenta, batín, chanclas y calcetines hasta las rodillas. Recuerda que por el día Yetro se viste con un elegante traje de chaqueta y corbata, y se pasea entre la gente, hablando solo, ellos creen que por locura, pero no es así, hay algo que ese hombrecillo puede ver y los demás no, la magia que rodea el pequeño pueblo solo pueden verla aquellos que están dispuestos a ello, aun a riesgo de que les llamen locos.

La niña, con estos pensamientos, se despista y no se da cuenta de la primera señal de que la magia está actuando. Yetro camina mirando hacia su derecha, y hablando, como si a su lado hubiera alguien que la niña no pudiera ver, la niña se pregunta si de veras Yetro puede ver a alguien a su lado que ella no ve. Pero lo curioso es que, sin que la niña se de cuenta, en el lado contrario al que mira, la fila de farolas que llega hasta la puerta de la biblioteca, a partir de la cual la calle comienza a convertirse en pendiente hasta perderse de vista, y que casi siempre están apagadas, comienzan a encenderse con una luz color azul, brillante y casi fantasmal.

Yetro se ha sentado en el escalón de un portal, y ha encendido un cigarro, parece haberse despedido de el ser invisible que le acompaña, porque ahora mira fijamente al gran árbol que hay frente al portal de la casa de la niña, justo al lado del toldo de un bar, que parece intentar proteger al hermoso árbol de las ráfagas de viento helado que, cosa rara, han comenzado a soplar de repente, aun siendo pleno verano, la niña no puede sentirlas, la ventana esta cerrada, pero observa a Yetro arrebujarse en su batín y cruzar los brazos en el pecho, como si tuviera mucho frío.

La niña, cansada de mirar al hombrecillo, que ahora no hace nada, salvo mirar hacia la izquierda, decide seguir su mirada, y lo que ve la deja maravillada......

Yetro se levanta y se dirige hacia el portal, deteniéndose bajo el árbol para protegerse del viento, mientras observa el extraño fenómeno que se está produciendo en el solar que está a la derecha de la ventana de la niña.

Junto al descampado crece toda una hilera de pinos que va siguiendo el sentido de la calle adyacente, mas pequeña que la del piso de la niña, en la cual ha aparecido un resplandor multicolor, aunque no se puede ver el origen porque la hilera de pinos ocultan de la vista lo que causa tal haz de luces.

La niña está extasiada contemplando el resplandor, apoya la mano en el cristal y entonces nota el frío, un frío intenso, que la hace apartar la mano de golpe, la palma se ha puesto casi morada, y solo ha rozado el cristal un segundo, ¿Por qué hace tanto frío?.

Entonces es cuando la niña se da cuenta de que ha comenzado a chispear, pero es una llovizna muy extraña, no moja el cristal, las gotas golpean suavemente y en un instante se convierten en pequeñitas perlas de hielo que van cubriendo toda la superficie del cristal, el frío comienza a traspasar la cristalera y la niña contempla sorprendida como la filita de macetas que está sobre el alféizar de la ventana comienza a helarse. La albahaca, el laurel, el perejil, se convierten en plantas de hielo, ya no son verdes, ahora son transparentes, se han transformado, y el frío sigue adentrándose en el cuarto. La niña se retira asustada....


Continuará ...

Este relato nos lo ha enviado Saeta aunque él prefiere expresarse en verso. Os aconsejamos que visitéis su blog.

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6 comentarios:

bahhia dijo...

Me ha gustado desde el principio, incluyendo el título ....

Besosss

saeta dijo...

Gracias mami! es lo que tienen los genes... nunca se sabe por donde van a salir! jajajaja


Besoooos!


sirLauren

Ejco dijo...

Pero donde está la continuacíon?? que me has dejado con la intriga. Precioso Saeta, como siempre. Un besito,

Pd: lo único malo es la intriga que me ha dejado, aunque quizá eso sea lo bueno.

saeta dijo...

Mil gracias ejco viento que paso!

besooos!

y tambien para ti, bahhia!

Los amantes de la poesía dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Abejitas dijo...

Las abejitas le damos un fuerte picotazo lleno de miel a Saeta en señal de agradecimiento por participar con nosotras y así convertirse en otro "zángano de honor" (no lo tomes a mal).

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